EL SÍNDROME DEL BIBLIOTECARIO ENAMORADO
12 de junio de 2011
El quinto día
Si quereis leer un libro que os atrape hasta el punto de no poder soltarlo; que os cuente una historia en la que se mezcla acción, geografía, biología, naútica o física; que viaja por tres océanos y que desciende a profundidades nunca visitadas por el hombre; que trata tema tan actuales como el cambio climático, la explotación petrolífera y las nuevas energías; que te enseña cómo funcionan las grandes corrientes marinas que, en definitiva, son la base del clima a nivel mundial... Este libro es, sin duda, El quinto día, de Frank Schatzing.
La novela de la que tratamos es un best seller. Este anglicismo puede ser traducido como "el que mejor se vende". En Alemania han sido tres millones de ejemplares. En otros países de Europa las cifras son igualmente millonarias. Podríamos considerar que estamos ante un fenómeno editorial semejante a El Código Da Vinci. Pero no es así... Aunque la expresión "best seller" pueda tener una fuerte carga despectiva, en la medida en que cantidad y calidad no siempre van unidas, El quinto día supera con creces las expectativas que su ambicioso argumento presenta y se eleva sobre la mediocridad habitual que hoy resulta fácil encontrar en las librerías. Las invasiones de templarios y misterios medievales que padecemos son derrotadas por esta rebelión de los océanos que en El quinto día se narra.
Además, y es dato que convierte a este libro en algo más que una novela, El quinto día no es sólo acción, intriga y suspense, sino que contiene muchísima divulgación científica. Datos sobre los océanos, sobre geología, biología marina, astronomía, naútica, etología, climatología... Después de leer la novela sé cómo funciona la Corriente del Golfo, qué importancia tiene el agua fría del océano ártico, cómo se regula el clima en base a las corrientes marinas... Temas como las causas y efectos de los maremotos, la explotación petrolífera en las profundidades, exploración de fosas marinas... Todo ello viene explicado, con amenidad y rigor, en las páginas del libro. Se podría decir que todos esos conocimientos son el andamiaje perfecto en el que se mueven los personajes. Es un libro de ficción, pero no de ciencia ficción, en la medida en que no se inventa nada, sino que se parte de conocimientos científicos contrastados, para, a partir de ahí, desarrollar toda la acción.
¿De qué va El quinto día? De los océanos. Y de la acción del hombre sobre ellos. Y de cómo estamos desequilibrando algo que se ha autoregulado durante millones de años, permaneciendo en equilibrio. Y de cómo el hombre, con su acción, sus industrias contaminantes y, en definitiva, con su ignorancia, está rompiendo ese equilibrio. Y de cómo hay seres que reaccionan y se defienden...
Desde las costas del Perú hasta las de Noruega, pasando por la costa pacífica estadounidense o los estrechos filipinos comienzan a ocurrir cosas raras... Desapariciones de pescadores, invasiones de medusas venenosas, ataques de ballenas a barcos, intoxicaciones alimentarias con productos del mar... Poco a poco comienza a ser evidente que todos esos acontecimientos responden a una acción hostil por parte de los océanos contra la raza humana. Los sucesos se suceden... organismos marinos deshacen la plataforma continental del Mar del Norte, provocando un cataclismo en todo el norte de Europa, extrañas criaturas comienzan a emerger del fondo del mar, invadiendo las zonas costeras, las epidemias se suceden, y nuevas amenzas surgen: la paralización de la Corriente del Golfo de México, el desmoronamiento de la isla de La Palma... Los gobiernos actúan, y comités de científicos, militares y políticos comienzan a hacer frente a la amenaza y a intentar pararla. ¿Lo conseguirán? ¿Y cómo? Me temo que habrás de leer la novela para averiguarlo.
Si te parece demasiado fantástico lo expuesto, quizá valga la pena aclarar que todos esos sucesos, aparentemente imposibles, tienen base real... Ruego te informes sobre la composición de los fondos marinos, ricos en gas como el metano, o en la constitución geológica de La Palma y su riesgo de desplome (tema que ya fue portada de los periódicos hace meses) o de la actividad extractora de petroleo por parte de las grandes compañías... Con esos mimbres, el alemán Schatzing confecciona una entretenidísima novela que mezcla por igual ciencia con suspense. Una combinación que seguro te mantiene en vilo a pesar de sus más de 1000 páginas...
Sí, es un tocho enorme. Y tal vez aquí es donde esté el único "pero" que se me ocurre hacerle a esta novela... Y es que frente a esa ingente cantidad de conocimientos científicos y a lo interesantísimo de la acción que se desarrolla, hay partes que son verdaderamente lentas y que no se sabe muy bien por qué están ahí, como esa descripción exhaustiva de una forma de vida más respetuosa con el medio ambiente: la de los inuit de Canadá. Sin duda son muy respetuosos, sí, pero esas cien páginas, justo cuando hemos dejado al Tarawa, buque de la armada norteamericana y cargado, para la ocasión, de científicos, a punto de establecer contacto con las formas de vida que son la causa de la hostilidad de los océanos para con los hombres, cortan un poquito el desenfrenado ritmo narrativo, sobre todo cuando nada aportan a la trama argumental más allá de teñir de idealismo nostalgico un mayor respeto para con el planeta.
Por tanto, novela interesantísima, totalmente recomendable, y que apunta a la acción del hombre como causante de nuestra futura ruina. ¿Cómo será el planeta dentro de cien años? ¿Seguiremos estando aquí para verlo? Quizá no... ¿Exagero?
Este verano leed El quinto día. Tanta agua seguro que os refresca :-)
6 de junio de 2011
Hoy, arte
De Youtube traigo una maravilla que he encontrado. Un vídeo con una animación de retratos femeninos de la historia de la pintura. Mirad la belleza que se desprende del mismo. Mujeres, serenidad, belleza. Y música. Una mezcla excelente.
24 de mayo de 2011
Gladiator
Traigo una película que ya tiene algunos años, pero que me encanta: Gladiator.
Gladiator es del año 2000, dirigida por Ridley Scott, que es autor de una de las, para mí, mejores películas de la historia del cine: Blade Runner, así como de otras dos cintas que, aparte de Gladiator, literalmente no me canso de ver: Alien, el octavo pasajero y Black Hawk Derribado.
Gladiator renueva el género de las llamadas "películas de romanos", subgenero cinematográfico que estuvo de moda allá por los 50 y 60 y que dió lugar a grandes cintas, pero que había desaparecido en los últimos años, por aquello de que en el cine, como casi todo en la vida, hay modas, y la moda predominante en los 90 y primeros años de este siglo venía marcada por los thrillers psicológicos, con Seven en cabeza seguida por un puñado de imitadoras. Por eso, que una superproducción viajase en el tiempo hasta la lejana Roma y rescatase del olvido los otrora manoseados topicazos de luchas de gladiadores, batallas y luchas entre malos y buenos resultaba, cuando menos, original, y suscitó gran curiosidad y expectación.
En este enlace está el tráiler.
Pero Gladiator no es un "peplum" más. Podrá discutirse lo genuino del argumento, lo acertado, o no, de la reconstrucción histórica, la verosimilitud de la trama... Probablemente está llena de anacronismos, errores y verdaderas meteduras de pata (por ejemplo, las ballestas, que se usan en algunas escenas de lucha pertenecen a una época posterior a la que se recoge en el film). Pero sin embargo, a pesar de todos sus fallos, ver Gladiator supone una experiencia estética memorable. Tiene escenas de gran belleza visual, que a veces parecen sacadas de una pintura barroca. Si se une lo hermoso de su banda sonora, el resultado es de una belleza deslumbrante.
Las imágenes de la ciudad de Roma, por ejemplo, con un cielo color de chocolate en el que se recorta la cara del emperador Cómodo, como si fuera una gran estatua de marmol, o el momento en el que Cómodo y Máximo hacen su aparición por la trampilla del coliseo, que los eleva desde la oscuridad de los subterráneos hasta la luz de la arena, con Cómodo, de pie, vestido con una armadura blanca y Máximo, postrado, con una armadura negra, como si fueran dos ángeles que representan el Bien y el Mal. O la enorme escena de la batalla inicial, con las cohortes avanzando en línea quebrada mientras una lluvía de flechas incendiarias sobrevuela la cabeza de los legionarios, todo ello envuelto en música de batalla... Precioso :-)
En suma, una película llena de escenas visualmente impactantes, con la rara impresión de ver a veces una sucesión de cuadros, como si de en un museo estuviésemos, con personajes a veces congelados en la luz de una representación teatral.
Y al lado de esta estética están los personajes. Russell Crowe interpreta al general Máximo, fiel y leal servidor del Imperio.
Y Joaquin Phoenix es su reverso tenebroso, el lado oscuro de la fuerza, la maldad traicionera.
Esa dicotomía bondad-maldad es muy acusada. El más interesante de los dos es, con mucho, Cómodo, siempre con la mitad de su rostro bañado en oscuridad, reflejo de la lucha interna que vive. De Máximo ya sabemos lo que podemos esperar: fe, lealtad y heroísmo. Pero Cómodo nos da la medida exacta de lo humano: de aquel que pudiendo ser bueno, por debilidad, por cobardía o por incapacidad, elige ser malo. Como una maldición, quizá, pero también con el sufrimiento íntimo que produce pensar que las cosas podían haber sido de otra manera y que el destino, en definitiva, se impone a la voluntad. Los ojos de Cómodo, su rostro sumergido en sombras, es sin duda lo más interesante de la película.
Gladiator es del año 2000, dirigida por Ridley Scott, que es autor de una de las, para mí, mejores películas de la historia del cine: Blade Runner, así como de otras dos cintas que, aparte de Gladiator, literalmente no me canso de ver: Alien, el octavo pasajero y Black Hawk Derribado.
Gladiator renueva el género de las llamadas "películas de romanos", subgenero cinematográfico que estuvo de moda allá por los 50 y 60 y que dió lugar a grandes cintas, pero que había desaparecido en los últimos años, por aquello de que en el cine, como casi todo en la vida, hay modas, y la moda predominante en los 90 y primeros años de este siglo venía marcada por los thrillers psicológicos, con Seven en cabeza seguida por un puñado de imitadoras. Por eso, que una superproducción viajase en el tiempo hasta la lejana Roma y rescatase del olvido los otrora manoseados topicazos de luchas de gladiadores, batallas y luchas entre malos y buenos resultaba, cuando menos, original, y suscitó gran curiosidad y expectación.
En este enlace está el tráiler.
Pero Gladiator no es un "peplum" más. Podrá discutirse lo genuino del argumento, lo acertado, o no, de la reconstrucción histórica, la verosimilitud de la trama... Probablemente está llena de anacronismos, errores y verdaderas meteduras de pata (por ejemplo, las ballestas, que se usan en algunas escenas de lucha pertenecen a una época posterior a la que se recoge en el film). Pero sin embargo, a pesar de todos sus fallos, ver Gladiator supone una experiencia estética memorable. Tiene escenas de gran belleza visual, que a veces parecen sacadas de una pintura barroca. Si se une lo hermoso de su banda sonora, el resultado es de una belleza deslumbrante.
Las imágenes de la ciudad de Roma, por ejemplo, con un cielo color de chocolate en el que se recorta la cara del emperador Cómodo, como si fuera una gran estatua de marmol, o el momento en el que Cómodo y Máximo hacen su aparición por la trampilla del coliseo, que los eleva desde la oscuridad de los subterráneos hasta la luz de la arena, con Cómodo, de pie, vestido con una armadura blanca y Máximo, postrado, con una armadura negra, como si fueran dos ángeles que representan el Bien y el Mal. O la enorme escena de la batalla inicial, con las cohortes avanzando en línea quebrada mientras una lluvía de flechas incendiarias sobrevuela la cabeza de los legionarios, todo ello envuelto en música de batalla... Precioso :-)
En suma, una película llena de escenas visualmente impactantes, con la rara impresión de ver a veces una sucesión de cuadros, como si de en un museo estuviésemos, con personajes a veces congelados en la luz de una representación teatral.
Y al lado de esta estética están los personajes. Russell Crowe interpreta al general Máximo, fiel y leal servidor del Imperio.
Y Joaquin Phoenix es su reverso tenebroso, el lado oscuro de la fuerza, la maldad traicionera.
Esa dicotomía bondad-maldad es muy acusada. El más interesante de los dos es, con mucho, Cómodo, siempre con la mitad de su rostro bañado en oscuridad, reflejo de la lucha interna que vive. De Máximo ya sabemos lo que podemos esperar: fe, lealtad y heroísmo. Pero Cómodo nos da la medida exacta de lo humano: de aquel que pudiendo ser bueno, por debilidad, por cobardía o por incapacidad, elige ser malo. Como una maldición, quizá, pero también con el sufrimiento íntimo que produce pensar que las cosas podían haber sido de otra manera y que el destino, en definitiva, se impone a la voluntad. Los ojos de Cómodo, su rostro sumergido en sombras, es sin duda lo más interesante de la película.
18 de mayo de 2011
De pìntura
No sé si dije en alguna ocasión que me encanta la pintura. Soy de esos que visitan museos, compran libros de Taschen, adquieren diapositivas y/o postales, tienen un caballete en casa y creen que las deliciosas tiendas de material para dibujar, con su mezcla de óleos, tizas, acuarelas, ceras y pasteles son una de las diversas formas de paraíso.
Les aseguro que es un vicio caro. Ver cuadros implica viajar. Y no siempre es posible desplazarse a París para ver el Louvre o a San Petersburgo (cómo ha mejorado esta ciudad desde que le han cambiado el nombre) para ver el Hermitage. Menos mal que en España tenemos El Prado, el magnífico Museo de Bellas Artes de Sevilla o el coqueto e interesante Museo de Cádiz.
Pero como digo uno no puede permitirse ir a todos esos sitios con la frecuencia debida. De momento, es mejor que los cuadros te los traigan a casa. Y no, no hablo de que Seur llame a tu puerta, sino de la web que enseño a continuación.
Ciudad de la pintura es la mayor pinacoteca virtual que existe. Son centenares los autores que en ella se pueden encontrar, y decenas de miles las obras que se pueden visualizar. Organizados por épocas o por orden alfabético, toda la historia de la pintura está ahí, a disposición de quien quiera conocerla.
Cada cuadro puede ser visualizado en pantalla grande, clicando en el lugar correspondiente y, lo mejor de todo, te permite guardarlo en tu disco duro. No todas las imágenes que pululan por Internet se pueden guardar, y no en todas las páginas oficiales de los museos te lo permiten hacer. En Ciudad de la Pintura sí, con lo que te puedes bajar una bonita cantidad de cuadros, tus preferidos, y hacer una presentación en forma de diapositivas que luego grabar en un CD o en un DVD, añadirle una pista de música (recomiendo algo barroco, Corelli a ser posible) y tener así un documental hecho por ti mismo con una época pictórica concreta o con una antología de tus pintores favoritos. Si ya eres un manitas puedes añadirle fichas de los pintores o los cuadros, y queda perfecto y sumamente didáctico. Y todo ello gratis y sin salir de casa.
Vamos a ver algunos de los cuadros.
Arriba teneis El grito, el famosísimo cuadro de Edvard Munch. Un cuadro agónico ciertamente, tal como su autor, persona interesantísima. Fue pintado en 1893, y ese grito de horror y angustia, en una Europa que en pocos años se iba a suicidar en las trincheras de la Primera Guerra Mundial siempre me ha parecido profético.
Y abajo está El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, una vanitas del siglo XVII, y que es mi cuadro favorito. El caballero duerme mientras un ángel le señala, en sueños, la vanidad de las cosas mundanas, representadas en el cuadro por la acumulación de objetos que hay al lado del caballero.
Aquí teneis un Paisaje de Benjamín Palencia, pintor manchego que plasma como nadie lo adusto del paisaje de Castilla... los tonos ocres y marrones, el amarillo de los campos... Tan eficaz en el efecto descriptivo como una novela de Miguel Delibes.
Y a continuación, para terminar, uno de los cuadros más hermosamente sencillos, por su temática, de Velázquez, Vieja friendo huevos.
Me parece sencillamente genial. Una escena costumbrista, aparentemente anodina, la de una mujer rodeada de objetos de uso corriente, algo tan sencillo y cotidiano como una jarra, la hogaza de pan, la aceitera y los huevos... En una España que en la época en que se pinta el cuadro se había desbordado de sí misma y se había desparramado por todo el orbe, con la fuerza vital que sólo las naciones verdaderamente grandes tienen, y que conserva, en cualquier calleja del Madrid de los Austrias que gobernaban ese Imperio, en cualquier figón o casa de vecinos, a una vieja, humilde y modesta, friendo huevos.
En fin, no sigo porque estaría todo el día poniendo cuadros, y hace un día lo suficientemente bueno como para dar un trote ligero por el campo. Os animo a ver cuadros, y a recrear las vidas de los personajes que en ellos se representan, o a imaginar los paisajes que esconden. La Ciudad de la Pintura es el mejor sitio para hacerlo.
Les aseguro que es un vicio caro. Ver cuadros implica viajar. Y no siempre es posible desplazarse a París para ver el Louvre o a San Petersburgo (cómo ha mejorado esta ciudad desde que le han cambiado el nombre) para ver el Hermitage. Menos mal que en España tenemos El Prado, el magnífico Museo de Bellas Artes de Sevilla o el coqueto e interesante Museo de Cádiz.
Pero como digo uno no puede permitirse ir a todos esos sitios con la frecuencia debida. De momento, es mejor que los cuadros te los traigan a casa. Y no, no hablo de que Seur llame a tu puerta, sino de la web que enseño a continuación.
Ciudad de la pintura es la mayor pinacoteca virtual que existe. Son centenares los autores que en ella se pueden encontrar, y decenas de miles las obras que se pueden visualizar. Organizados por épocas o por orden alfabético, toda la historia de la pintura está ahí, a disposición de quien quiera conocerla.
Cada cuadro puede ser visualizado en pantalla grande, clicando en el lugar correspondiente y, lo mejor de todo, te permite guardarlo en tu disco duro. No todas las imágenes que pululan por Internet se pueden guardar, y no en todas las páginas oficiales de los museos te lo permiten hacer. En Ciudad de la Pintura sí, con lo que te puedes bajar una bonita cantidad de cuadros, tus preferidos, y hacer una presentación en forma de diapositivas que luego grabar en un CD o en un DVD, añadirle una pista de música (recomiendo algo barroco, Corelli a ser posible) y tener así un documental hecho por ti mismo con una época pictórica concreta o con una antología de tus pintores favoritos. Si ya eres un manitas puedes añadirle fichas de los pintores o los cuadros, y queda perfecto y sumamente didáctico. Y todo ello gratis y sin salir de casa.
Vamos a ver algunos de los cuadros.
Arriba teneis El grito, el famosísimo cuadro de Edvard Munch. Un cuadro agónico ciertamente, tal como su autor, persona interesantísima. Fue pintado en 1893, y ese grito de horror y angustia, en una Europa que en pocos años se iba a suicidar en las trincheras de la Primera Guerra Mundial siempre me ha parecido profético.
Y abajo está El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, una vanitas del siglo XVII, y que es mi cuadro favorito. El caballero duerme mientras un ángel le señala, en sueños, la vanidad de las cosas mundanas, representadas en el cuadro por la acumulación de objetos que hay al lado del caballero.
Aquí teneis un Paisaje de Benjamín Palencia, pintor manchego que plasma como nadie lo adusto del paisaje de Castilla... los tonos ocres y marrones, el amarillo de los campos... Tan eficaz en el efecto descriptivo como una novela de Miguel Delibes.
Y a continuación, para terminar, uno de los cuadros más hermosamente sencillos, por su temática, de Velázquez, Vieja friendo huevos.
Me parece sencillamente genial. Una escena costumbrista, aparentemente anodina, la de una mujer rodeada de objetos de uso corriente, algo tan sencillo y cotidiano como una jarra, la hogaza de pan, la aceitera y los huevos... En una España que en la época en que se pinta el cuadro se había desbordado de sí misma y se había desparramado por todo el orbe, con la fuerza vital que sólo las naciones verdaderamente grandes tienen, y que conserva, en cualquier calleja del Madrid de los Austrias que gobernaban ese Imperio, en cualquier figón o casa de vecinos, a una vieja, humilde y modesta, friendo huevos.
En fin, no sigo porque estaría todo el día poniendo cuadros, y hace un día lo suficientemente bueno como para dar un trote ligero por el campo. Os animo a ver cuadros, y a recrear las vidas de los personajes que en ellos se representan, o a imaginar los paisajes que esconden. La Ciudad de la Pintura es el mejor sitio para hacerlo.
12 de mayo de 2011
En busca del unicornio
Traigo hoy un libro con algunos años encima ya, En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán, ganador del premio Planeta en el año 1987, tenía yo... hummmm... sí, tenía muchos años menos.
A este su humilde servidor al que tienen el placer de leer le encanta la historia y la buena literatura. Y en esta novela se aunan por igual las dos: una altísima calidad literaria y un marco histórico incomparable.
En sus páginas, se narra como el rey Enrique IV de Castilla, que reinó entre los años 1454-1474, aquejado del mal de la impotencia, envía a Juan de Olid, noble caballero, en busca de un fantástico animal con cuyo cuerno se puede fabricar un remedio para el mal que aqueja al rey: el unicornio. Para tal misión, Juan de Olid se ve acompañado de un secretario personal, un fraile experto en pócimas, ungüentos y hechizos, una tropa formada por ballesteros y una doncella virgen, ya que la tradición dice que el unicornio es muy escurridizo y sólo se acercará al regazo de una virgen. Toda esa comitiva se adentra en África, a la caza del mitológico animal, desarrollándose las más curiosas peripecias, aunando poesía, dramatismo, sentido del humor, acción, una inagotable curiosidad y un innegable encanto.
Juan de Olid y quienes les acompañan, siempre fieles al cometido que le ha encomendado su rey, atraviesan el desierto, navegan por costas ignotas, tratan con comerciantes árabes, se enfrentan a tribus de negros belicosos... ¿Encuentran al unicornio? Sí :-) Pero sería aconsejable que participases en la cacería.
Más allá de la acción en sí, En busca del unicornio tiene el interés de presentar una historia frontera entre dos épocas. Juan de Olid, su protagonista, es un caballero medieval cuando sale de España para cumplir la tarea que el rey le encomienda. Es fiel, leal y esforzado, y siempre intentará llevar a buen puerto su misión, a pesar de que con el transcurrir de los meses se da cuenta de que es una quimera. Cuando regresa a España, después de muchos años de ausencia, la sociedad ha cambiado. Su rey, al que juró servir, ha muerto y en su lugar ocupan el trono los Reyes Católicos. Es, por tanto, un hombre que emprende su viaje en plena Edad Media, pero que regresa cuando ya soplan los vientos vivificantes del Renacimiento. Es un hombre que ha vivido historias extraordinarias y fantásticas, pero que vuelve cuando todo el país se dispone a vivir, a su vez, la extraordinaria gesta del descubrimiento de América.
Es esa especie de presencia a caballo entre dos épocas, la medieval y la renacentista, separadas tan sólo por unos pocos años entre sí pero alejadísimas en cuanto a la mentalidad que anima a cada una (cerrada la primera, abierta y ágil la segunda), la que hace de Juan de Olid un ser único, pero, al mismo tiempo, descriptivo de toda una clase de hombres: las que por alimentar un sueño eran capaces de entregarse a las mayores gestas. Juan de Olid, de manera ficticia, cumple con esa misión en África, pero en pocos años todo el planeta se llenó de españoles que agrandaban cada día más los horizontes del mundo conocido: miles de navegantes, exploradores, soldados, misioneros, desconocidos en su mayoría, pero que persiguiendo sueños hicieron de España el mayor Imperio conocido, suma de todos sus anhelos, luchas, desgracias y pesares.
¿Habéis pensado alguna vez en ese fenomenal momento histórico, el que va de 1492 a mediados del XVI? ¿Esos apenas cincuenta años en el que miriadas de españoles, pobres en su mayoría, con sueños de grandeza muchos de ellos, logran extenderse por todos los ámbitos del globo, desde Europa hasta los confines del Pacífico? ¿Qué tremenda fuerza vital es la que anima a toda esa gente a salir de su terruño y conquistar Imperios? Pues a ese tipo de hombres se dedica la novela que comento. Los que por cumplir una misión o conquistar un ideal eran capaces de darlo todo en el empeño.
En busca del unicornio está publicada por Planeta. Existen tanto ediciones en tapa dura como de bolsillo.
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