Traigo una película que ya tiene algunos años, pero que me encanta: Gladiator.
Gladiator es del año 2000, dirigida por Ridley Scott, que es autor de una de las, para mí, mejores películas de la historia del cine: Blade Runner, así como de otras dos cintas que, aparte de Gladiator, literalmente no me canso de ver: Alien, el octavo pasajero y Black Hawk Derribado.
Gladiator renueva el género de las llamadas "películas de romanos", subgenero cinematográfico que estuvo de moda allá por los 50 y 60 y que dió lugar a grandes cintas, pero que había desaparecido en los últimos años, por aquello de que en el cine, como casi todo en la vida, hay modas, y la moda predominante en los 90 y primeros años de este siglo venía marcada por los thrillers psicológicos, con Seven en cabeza seguida por un puñado de imitadoras. Por eso, que una superproducción viajase en el tiempo hasta la lejana Roma y rescatase del olvido los otrora manoseados topicazos de luchas de gladiadores, batallas y luchas entre malos y buenos resultaba, cuando menos, original, y suscitó gran curiosidad y expectación.
En este enlace está el tráiler.
Pero Gladiator no es un "peplum" más. Podrá discutirse lo genuino del argumento, lo acertado, o no, de la reconstrucción histórica, la verosimilitud de la trama... Probablemente está llena de anacronismos, errores y verdaderas meteduras de pata (por ejemplo, las ballestas, que se usan en algunas escenas de lucha pertenecen a una época posterior a la que se recoge en el film). Pero sin embargo, a pesar de todos sus fallos, ver Gladiator supone una experiencia estética memorable. Tiene escenas de gran belleza visual, que a veces parecen sacadas de una pintura barroca. Si se une lo hermoso de su banda sonora, el resultado es de una belleza deslumbrante.
Las imágenes de la ciudad de Roma, por ejemplo, con un cielo color de chocolate en el que se recorta la cara del emperador Cómodo, como si fuera una gran estatua de marmol, o el momento en el que Cómodo y Máximo hacen su aparición por la trampilla del coliseo, que los eleva desde la oscuridad de los subterráneos hasta la luz de la arena, con Cómodo, de pie, vestido con una armadura blanca y Máximo, postrado, con una armadura negra, como si fueran dos ángeles que representan el Bien y el Mal. O la enorme escena de la batalla inicial, con las cohortes avanzando en línea quebrada mientras una lluvía de flechas incendiarias sobrevuela la cabeza de los legionarios, todo ello envuelto en música de batalla... Precioso :-)
En suma, una película llena de escenas visualmente impactantes, con la rara impresión de ver a veces una sucesión de cuadros, como si de en un museo estuviésemos, con personajes a veces congelados en la luz de una representación teatral.
Y al lado de esta estética están los personajes. Russell Crowe interpreta al general Máximo, fiel y leal servidor del Imperio.
Y Joaquin Phoenix es su reverso tenebroso, el lado oscuro de la fuerza, la maldad traicionera.
Esa dicotomía bondad-maldad es muy acusada. El más interesante de los dos es, con mucho, Cómodo, siempre con la mitad de su rostro bañado en oscuridad, reflejo de la lucha interna que vive. De Máximo ya sabemos lo que podemos esperar: fe, lealtad y heroísmo. Pero Cómodo nos da la medida exacta de lo humano: de aquel que pudiendo ser bueno, por debilidad, por cobardía o por incapacidad, elige ser malo. Como una maldición, quizá, pero también con el sufrimiento íntimo que produce pensar que las cosas podían haber sido de otra manera y que el destino, en definitiva, se impone a la voluntad. Los ojos de Cómodo, su rostro sumergido en sombras, es sin duda lo más interesante de la película.
24 de mayo de 2011
18 de mayo de 2011
De pìntura
No sé si dije en alguna ocasión que me encanta la pintura. Soy de esos que visitan museos, compran libros de Taschen, adquieren diapositivas y/o postales, tienen un caballete en casa y creen que las deliciosas tiendas de material para dibujar, con su mezcla de óleos, tizas, acuarelas, ceras y pasteles son una de las diversas formas de paraíso.
Les aseguro que es un vicio caro. Ver cuadros implica viajar. Y no siempre es posible desplazarse a París para ver el Louvre o a San Petersburgo (cómo ha mejorado esta ciudad desde que le han cambiado el nombre) para ver el Hermitage. Menos mal que en España tenemos El Prado, el magnífico Museo de Bellas Artes de Sevilla o el coqueto e interesante Museo de Cádiz.
Pero como digo uno no puede permitirse ir a todos esos sitios con la frecuencia debida. De momento, es mejor que los cuadros te los traigan a casa. Y no, no hablo de que Seur llame a tu puerta, sino de la web que enseño a continuación.
Ciudad de la pintura es la mayor pinacoteca virtual que existe. Son centenares los autores que en ella se pueden encontrar, y decenas de miles las obras que se pueden visualizar. Organizados por épocas o por orden alfabético, toda la historia de la pintura está ahí, a disposición de quien quiera conocerla.
Cada cuadro puede ser visualizado en pantalla grande, clicando en el lugar correspondiente y, lo mejor de todo, te permite guardarlo en tu disco duro. No todas las imágenes que pululan por Internet se pueden guardar, y no en todas las páginas oficiales de los museos te lo permiten hacer. En Ciudad de la Pintura sí, con lo que te puedes bajar una bonita cantidad de cuadros, tus preferidos, y hacer una presentación en forma de diapositivas que luego grabar en un CD o en un DVD, añadirle una pista de música (recomiendo algo barroco, Corelli a ser posible) y tener así un documental hecho por ti mismo con una época pictórica concreta o con una antología de tus pintores favoritos. Si ya eres un manitas puedes añadirle fichas de los pintores o los cuadros, y queda perfecto y sumamente didáctico. Y todo ello gratis y sin salir de casa.
Vamos a ver algunos de los cuadros.
Arriba teneis El grito, el famosísimo cuadro de Edvard Munch. Un cuadro agónico ciertamente, tal como su autor, persona interesantísima. Fue pintado en 1893, y ese grito de horror y angustia, en una Europa que en pocos años se iba a suicidar en las trincheras de la Primera Guerra Mundial siempre me ha parecido profético.
Y abajo está El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, una vanitas del siglo XVII, y que es mi cuadro favorito. El caballero duerme mientras un ángel le señala, en sueños, la vanidad de las cosas mundanas, representadas en el cuadro por la acumulación de objetos que hay al lado del caballero.
Aquí teneis un Paisaje de Benjamín Palencia, pintor manchego que plasma como nadie lo adusto del paisaje de Castilla... los tonos ocres y marrones, el amarillo de los campos... Tan eficaz en el efecto descriptivo como una novela de Miguel Delibes.
Y a continuación, para terminar, uno de los cuadros más hermosamente sencillos, por su temática, de Velázquez, Vieja friendo huevos.
Me parece sencillamente genial. Una escena costumbrista, aparentemente anodina, la de una mujer rodeada de objetos de uso corriente, algo tan sencillo y cotidiano como una jarra, la hogaza de pan, la aceitera y los huevos... En una España que en la época en que se pinta el cuadro se había desbordado de sí misma y se había desparramado por todo el orbe, con la fuerza vital que sólo las naciones verdaderamente grandes tienen, y que conserva, en cualquier calleja del Madrid de los Austrias que gobernaban ese Imperio, en cualquier figón o casa de vecinos, a una vieja, humilde y modesta, friendo huevos.
En fin, no sigo porque estaría todo el día poniendo cuadros, y hace un día lo suficientemente bueno como para dar un trote ligero por el campo. Os animo a ver cuadros, y a recrear las vidas de los personajes que en ellos se representan, o a imaginar los paisajes que esconden. La Ciudad de la Pintura es el mejor sitio para hacerlo.
Les aseguro que es un vicio caro. Ver cuadros implica viajar. Y no siempre es posible desplazarse a París para ver el Louvre o a San Petersburgo (cómo ha mejorado esta ciudad desde que le han cambiado el nombre) para ver el Hermitage. Menos mal que en España tenemos El Prado, el magnífico Museo de Bellas Artes de Sevilla o el coqueto e interesante Museo de Cádiz.
Pero como digo uno no puede permitirse ir a todos esos sitios con la frecuencia debida. De momento, es mejor que los cuadros te los traigan a casa. Y no, no hablo de que Seur llame a tu puerta, sino de la web que enseño a continuación.
Ciudad de la pintura es la mayor pinacoteca virtual que existe. Son centenares los autores que en ella se pueden encontrar, y decenas de miles las obras que se pueden visualizar. Organizados por épocas o por orden alfabético, toda la historia de la pintura está ahí, a disposición de quien quiera conocerla.
Cada cuadro puede ser visualizado en pantalla grande, clicando en el lugar correspondiente y, lo mejor de todo, te permite guardarlo en tu disco duro. No todas las imágenes que pululan por Internet se pueden guardar, y no en todas las páginas oficiales de los museos te lo permiten hacer. En Ciudad de la Pintura sí, con lo que te puedes bajar una bonita cantidad de cuadros, tus preferidos, y hacer una presentación en forma de diapositivas que luego grabar en un CD o en un DVD, añadirle una pista de música (recomiendo algo barroco, Corelli a ser posible) y tener así un documental hecho por ti mismo con una época pictórica concreta o con una antología de tus pintores favoritos. Si ya eres un manitas puedes añadirle fichas de los pintores o los cuadros, y queda perfecto y sumamente didáctico. Y todo ello gratis y sin salir de casa.
Vamos a ver algunos de los cuadros.
Arriba teneis El grito, el famosísimo cuadro de Edvard Munch. Un cuadro agónico ciertamente, tal como su autor, persona interesantísima. Fue pintado en 1893, y ese grito de horror y angustia, en una Europa que en pocos años se iba a suicidar en las trincheras de la Primera Guerra Mundial siempre me ha parecido profético.
Y abajo está El sueño del caballero, de Antonio de Pereda, una vanitas del siglo XVII, y que es mi cuadro favorito. El caballero duerme mientras un ángel le señala, en sueños, la vanidad de las cosas mundanas, representadas en el cuadro por la acumulación de objetos que hay al lado del caballero.
Aquí teneis un Paisaje de Benjamín Palencia, pintor manchego que plasma como nadie lo adusto del paisaje de Castilla... los tonos ocres y marrones, el amarillo de los campos... Tan eficaz en el efecto descriptivo como una novela de Miguel Delibes.
Y a continuación, para terminar, uno de los cuadros más hermosamente sencillos, por su temática, de Velázquez, Vieja friendo huevos.
Me parece sencillamente genial. Una escena costumbrista, aparentemente anodina, la de una mujer rodeada de objetos de uso corriente, algo tan sencillo y cotidiano como una jarra, la hogaza de pan, la aceitera y los huevos... En una España que en la época en que se pinta el cuadro se había desbordado de sí misma y se había desparramado por todo el orbe, con la fuerza vital que sólo las naciones verdaderamente grandes tienen, y que conserva, en cualquier calleja del Madrid de los Austrias que gobernaban ese Imperio, en cualquier figón o casa de vecinos, a una vieja, humilde y modesta, friendo huevos.
En fin, no sigo porque estaría todo el día poniendo cuadros, y hace un día lo suficientemente bueno como para dar un trote ligero por el campo. Os animo a ver cuadros, y a recrear las vidas de los personajes que en ellos se representan, o a imaginar los paisajes que esconden. La Ciudad de la Pintura es el mejor sitio para hacerlo.
12 de mayo de 2011
En busca del unicornio
Traigo hoy un libro con algunos años encima ya, En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán, ganador del premio Planeta en el año 1987, tenía yo... hummmm... sí, tenía muchos años menos.
A este su humilde servidor al que tienen el placer de leer le encanta la historia y la buena literatura. Y en esta novela se aunan por igual las dos: una altísima calidad literaria y un marco histórico incomparable.
En sus páginas, se narra como el rey Enrique IV de Castilla, que reinó entre los años 1454-1474, aquejado del mal de la impotencia, envía a Juan de Olid, noble caballero, en busca de un fantástico animal con cuyo cuerno se puede fabricar un remedio para el mal que aqueja al rey: el unicornio. Para tal misión, Juan de Olid se ve acompañado de un secretario personal, un fraile experto en pócimas, ungüentos y hechizos, una tropa formada por ballesteros y una doncella virgen, ya que la tradición dice que el unicornio es muy escurridizo y sólo se acercará al regazo de una virgen. Toda esa comitiva se adentra en África, a la caza del mitológico animal, desarrollándose las más curiosas peripecias, aunando poesía, dramatismo, sentido del humor, acción, una inagotable curiosidad y un innegable encanto.
Juan de Olid y quienes les acompañan, siempre fieles al cometido que le ha encomendado su rey, atraviesan el desierto, navegan por costas ignotas, tratan con comerciantes árabes, se enfrentan a tribus de negros belicosos... ¿Encuentran al unicornio? Sí :-) Pero sería aconsejable que participases en la cacería.
Más allá de la acción en sí, En busca del unicornio tiene el interés de presentar una historia frontera entre dos épocas. Juan de Olid, su protagonista, es un caballero medieval cuando sale de España para cumplir la tarea que el rey le encomienda. Es fiel, leal y esforzado, y siempre intentará llevar a buen puerto su misión, a pesar de que con el transcurrir de los meses se da cuenta de que es una quimera. Cuando regresa a España, después de muchos años de ausencia, la sociedad ha cambiado. Su rey, al que juró servir, ha muerto y en su lugar ocupan el trono los Reyes Católicos. Es, por tanto, un hombre que emprende su viaje en plena Edad Media, pero que regresa cuando ya soplan los vientos vivificantes del Renacimiento. Es un hombre que ha vivido historias extraordinarias y fantásticas, pero que vuelve cuando todo el país se dispone a vivir, a su vez, la extraordinaria gesta del descubrimiento de América.
Es esa especie de presencia a caballo entre dos épocas, la medieval y la renacentista, separadas tan sólo por unos pocos años entre sí pero alejadísimas en cuanto a la mentalidad que anima a cada una (cerrada la primera, abierta y ágil la segunda), la que hace de Juan de Olid un ser único, pero, al mismo tiempo, descriptivo de toda una clase de hombres: las que por alimentar un sueño eran capaces de entregarse a las mayores gestas. Juan de Olid, de manera ficticia, cumple con esa misión en África, pero en pocos años todo el planeta se llenó de españoles que agrandaban cada día más los horizontes del mundo conocido: miles de navegantes, exploradores, soldados, misioneros, desconocidos en su mayoría, pero que persiguiendo sueños hicieron de España el mayor Imperio conocido, suma de todos sus anhelos, luchas, desgracias y pesares.
¿Habéis pensado alguna vez en ese fenomenal momento histórico, el que va de 1492 a mediados del XVI? ¿Esos apenas cincuenta años en el que miriadas de españoles, pobres en su mayoría, con sueños de grandeza muchos de ellos, logran extenderse por todos los ámbitos del globo, desde Europa hasta los confines del Pacífico? ¿Qué tremenda fuerza vital es la que anima a toda esa gente a salir de su terruño y conquistar Imperios? Pues a ese tipo de hombres se dedica la novela que comento. Los que por cumplir una misión o conquistar un ideal eran capaces de darlo todo en el empeño.
En busca del unicornio está publicada por Planeta. Existen tanto ediciones en tapa dura como de bolsillo.
6 de mayo de 2011
Alejandro
Hace unas semanas hablaba de la película 300 y me refería al Imperio Persa como el ejemplo más claro de que la Historia la escriben los vencedores y que fueron éstos, los griegos, quienes redujeron al olvido el antiguo esplendor de aquél. Hoy vamos a comentar una peli dedicada al triunfador de los persas, al gran Alejandro Magno.
Soy terriblemente poco amigo de dorarle la píldora a nadie, aunque se trate de un héroe en vida, de un semidios, como fue Alejandro. Las masas catetas, que son las más, cuando van al cine a ver una película como Alejandro, no hacen sino asistir a un espectáculo propagandístico de primer orden, una reconstrucción histórica que busca presentar al espectador la única verdad: la de la bondad civilizadora de Alejandro Magno y su constante lucha por la expansión de la civilización griega, cuna de nuestros propios valores. Es mentira. Como hombre que fue, Alejandro Magno tiene muchos claroscuros y bastantes defectos. Pero no deja de ser curioso que casi dos mil quinientos años después de su muerte continue ganando batallas. En vida venció en Gránico, Issos, Gaugamela e Hidaspes. En nuestros días vuelve a vencer... si bien no en una batalla sí en el combate de la propaganda, gracias a la película que Oliver Stone filmó en su memoria.
Debe ser dificilísimo resumir una vida como la de Alejandro Magno en dos horas de película. Así que uno, a la fuerza, debe centrarse en los aspectos más míticos del personaje, aquellos que le han cubierto con la aureola de los elegidos. Se nos presenta a un Alejandro de una esmerada formación, con Aristóteles como maestro nada menos, educado desde niño en la lucha y en la filosofía, hijo de un tirano borracho y cruel como Filipo de Macedonia, amado por su madre Olimpia y puesto al frente de los ejércitos macedónicos para derrotar al imperio persa, extendiendo la civilización occidental hasta los confines de Asia. ¿Es cierto todo esto?
Habría que examinar punto por punto todas esas visiones estereotipadas.
La visión que en la película se nos da de Filipo, por ejemplo, padre de Alejandro, es desafortunadísima. Se le presenta como un bruto reyezuelo pródigo en borracheras y maltratos a su mujer, Olimpia, de la que casi reniega. Sin embargo, fue él y no Alejandro el que preparó al ejército macedónico para sus triunfales campañas en oriente, introduciendo mejoras en el armamento (se pasa de la lanza hoplita griega, de dos metros y medio de largo, a la pica macedónica, de seis metros) y en la organización, creando la que sería la mejor unidad de combate de la antiguedad, la Falange macedónica, imparable en combate. Fue Filipo asimismo el que logró la unidad de todas las polis griegas, objetivo que era previo a su decisión de lanzarse contra Persia. Y es él, en definitiva, quien logra fundir en uno la mentalidad macedónica con la cultura griega, adoptando lo mejor de una y otra, fenomenal convergencia de mentalidades que darán como fruto la superioridad moral de los combatientes griegos frente a la esclavizada masa de guerreros persas. Por tanto, esa visión del Filipo borracho y cruel es, cuando menos, desafortunada.
Por otro lado, se nos presenta a Alejandro como el verdadero muñidor de las victorias griegas en Persia, enfrentándose en ocasiones a sus generales. ¿Es cierta esta imagen? Indudablemente, Alejandro estaba dotado para la estrategia y el mando de hombres en la batalla, hasta el punto de que se le puede considerar una de las más grandes figuras militares de todos los tiempos, al lado de un César o de un Napoleón. Pero también es cierto que nada hubiera logrado si no hubiese contado con la ayuda de los experimentadísimos generales que heredó de su padre tras el asesinato de éste. En concreto, uno de ellos, Parmenio, fue artífice de las victorias en Gránico, Issos y Gaugamela, cuando se encargaba de soportar la mayor parte de las embestidas enemigas mientras Alejandro esperaba el momento adecuado para lanzar las cargas de caballería que terminaban de desbaratar el frente persa. ¿Cuál fue el pago que recibió Parmenio? Su ejecución. Al igual que su hijo, Filotas. ¿Por qué? Por una supuesta conspiración para matar a Alejandro. Lo curioso es que estas ejecuciones, al igual que la que tuvo lugar con Clito, otro de los lugartenientes de Filipo que Alejandro utilizó para dirigir a su ejército, tuvieron lugar una vez que los persas ya estaban derrotados, cuando ya no eran necesarios para dirigir la infantería o la caballería macedónicas.
Y por último, la misión, digamos, "evangelizadora" de Alejandro: la expansión del helenismo por las tierras bárbaras recién conquistadas. ¿Fue cierto? Sí, dado que con Alejandro avanzaban no sólo guerreros, sino también una legión de ingenieros, filósofos y geógrafos griegos que se encargaban de construir puentes, levantar ciudades, canalizar aguas y expandir el conocimiento y la lengua de Grecia. ¿pero qué pasó con Alejandro? Que mientras el territorio se helenizaba, él se orientalizaba, y adoptaba costumbres y ritos propios de los bárbaros que pretendía civilizar. Y así tenemos un Rey que cuanto más se adentra en Asia más críticas recibe por parte de sus soldados debido a las costumbres orientalizantes que iban adoptándose, hasta el punto de que cuando los soldados se plantan, Alejandro apela a "sus asiáticos" para continuar con las conquistas.
En la película tampoco se nos cuenta nada de las espantosas carnicerías que tuvieron lugar durante la expansión hacia el Este. Nada de los sitios de Tiro y Gaza, cuando toda la población de esas ciudades resultó masacrada, o de la aniquilación sistemática del enemigo en Gaugamela o Issos, o de la matanza continuada frente a las tribus del noroeste del imperio persa, en Bactria y Escitia, o de las incontables bajas causadas al rey indio Poro en la batalla de Hidaspes... Muertes todas ellas que configuraban un método nuevo de entender la guerra, no como una forma de imponer la razón propia frente al contrario, sino de aniquilación total y absoluta del enemigo, consiguiendo su más absoluta desaparición. Si pudiésemos rememorar aquellas batallas y comprobar su infinita crueldad, la figura de Alejandro se ensombrecería de manera súbita.
Y todo, además, para nada, porque a la muerte de Alejandro su imperio se dividió entre sus generales, que inmediatamente iniciaron la lucha entre sí. Centenares de miles de muertos causó Alejandro... para que a su muerte las guerras continuasen y poco a poco todas aquellas actuaciones memorables se fuesen debilitando y acabasen sumidas en el olvido, hasta que el nuevo poder emergente de Roma las conquistase de nuevo.
Pero nada de esto se recoge en la película... sólo esa imagen de Alejandro valiente y civilizador... Una película, por tanto, bien hecha, bonita visulamente (hay una escena, con Alejandro envuelto en una túnica roja y las montañas nevadas del Indostán a su espalda que es francamente hermosa) pero que no deja de ser una loa bastante acrítica a una figura histórica que siempre ha despertado admiración pero que tiene tras de sí una turbadora historia de asesinatos, guerras, destrucción y muerte. Propaganda, en definitiva.
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