6 de mayo de 2011

Alejandro

Hace unas semanas hablaba de la película 300 y me refería al Imperio Persa como el ejemplo más claro de que la Historia la escriben los vencedores y que fueron éstos, los griegos, quienes redujeron al olvido el antiguo esplendor de aquél. Hoy vamos a comentar una peli dedicada al triunfador de los persas, al gran Alejandro Magno.

Soy terriblemente poco amigo de dorarle la píldora a nadie, aunque se trate de un héroe en vida, de un semidios, como fue Alejandro. Las masas catetas, que son las más, cuando van al cine a ver una película como Alejandro, no hacen sino asistir a un espectáculo propagandístico de primer orden, una reconstrucción histórica que busca presentar al espectador la única verdad: la de la bondad civilizadora de Alejandro Magno y su constante lucha por la expansión de la civilización griega, cuna de nuestros propios valores. Es mentira. Como hombre que fue, Alejandro Magno tiene muchos claroscuros y bastantes defectos. Pero no deja de ser curioso que casi dos mil quinientos años después de su muerte continue ganando batallas. En vida venció en Gránico, Issos, Gaugamela e Hidaspes. En nuestros días vuelve a vencer... si bien no en una batalla sí en el combate de la propaganda, gracias a la película que Oliver Stone filmó en su memoria.


Debe ser dificilísimo resumir una vida como la de Alejandro Magno en dos horas de película. Así que uno, a la fuerza, debe centrarse en los aspectos más míticos del personaje, aquellos que le han cubierto con la aureola de los elegidos. Se nos presenta a un Alejandro de una esmerada formación, con Aristóteles como maestro nada menos, educado desde niño en la lucha y en la filosofía, hijo de un tirano borracho y cruel como Filipo de Macedonia, amado por su madre Olimpia y puesto al frente de los ejércitos macedónicos para derrotar al imperio persa, extendiendo la civilización occidental hasta los confines de Asia. ¿Es cierto todo esto?


Habría que examinar punto por punto todas esas visiones estereotipadas. 


La visión que en la película se nos da de Filipo, por ejemplo, padre de Alejandro, es desafortunadísima. Se le presenta como un bruto reyezuelo pródigo en borracheras y maltratos a su mujer, Olimpia, de la que casi reniega. Sin embargo, fue él y no Alejandro el que preparó al ejército macedónico para sus triunfales campañas en oriente, introduciendo mejoras en el armamento (se pasa de la lanza hoplita griega, de dos metros y medio de largo, a la pica macedónica, de seis metros) y en la organización, creando la que sería la mejor unidad de combate de la antiguedad, la Falange macedónica, imparable en combate. Fue Filipo asimismo el que logró la unidad de todas las polis griegas, objetivo que era previo a su decisión de lanzarse contra Persia. Y es él, en definitiva, quien logra fundir en uno la mentalidad macedónica con la cultura griega, adoptando lo mejor de una y otra, fenomenal convergencia de mentalidades que darán como fruto la superioridad moral de los combatientes griegos frente a la esclavizada masa de guerreros persas. Por tanto, esa visión del Filipo borracho y cruel es, cuando menos, desafortunada.


Por otro lado, se nos presenta a Alejandro como el verdadero muñidor de las victorias griegas en Persia, enfrentándose en ocasiones a sus generales. ¿Es cierta esta imagen? Indudablemente, Alejandro estaba dotado para la estrategia y el mando de hombres en la batalla, hasta el punto de que se le puede considerar una de las más grandes figuras militares de todos los tiempos, al lado de un César o de un Napoleón. Pero también es cierto que nada hubiera logrado si no hubiese contado con la ayuda de los experimentadísimos generales que heredó de su padre tras el asesinato de éste. En concreto, uno de ellos, Parmenio, fue artífice de las victorias en Gránico, Issos y Gaugamela, cuando se encargaba de soportar la mayor parte de las embestidas enemigas mientras Alejandro esperaba el momento adecuado para lanzar las cargas de caballería que terminaban de desbaratar el frente persa. ¿Cuál fue el pago que recibió Parmenio? Su ejecución. Al igual que su hijo, Filotas. ¿Por qué? Por una supuesta conspiración para matar a Alejandro. Lo curioso es que estas ejecuciones, al igual que la que tuvo lugar con Clito, otro de los lugartenientes de Filipo que Alejandro utilizó para dirigir a su ejército, tuvieron lugar una vez que los persas ya estaban derrotados, cuando ya no eran necesarios para dirigir la infantería o la caballería macedónicas. 


Y por último, la misión, digamos, "evangelizadora" de Alejandro: la expansión del helenismo por las tierras bárbaras recién conquistadas. ¿Fue cierto? Sí, dado que con Alejandro avanzaban no sólo guerreros, sino también una legión de ingenieros, filósofos y geógrafos griegos que se encargaban de construir puentes, levantar ciudades, canalizar aguas y expandir el conocimiento y la lengua de Grecia. ¿pero qué pasó con Alejandro? Que mientras el territorio se helenizaba, él se orientalizaba, y adoptaba costumbres y ritos propios de los bárbaros que pretendía civilizar. Y así tenemos un Rey que cuanto más se adentra en Asia más críticas recibe por parte de sus soldados debido a las costumbres orientalizantes que iban adoptándose, hasta el punto de que cuando los soldados se plantan, Alejandro apela a "sus asiáticos" para continuar con las conquistas.




En la película tampoco se nos cuenta nada de las espantosas carnicerías que tuvieron lugar durante la expansión hacia el Este. Nada de los sitios de Tiro y Gaza, cuando toda la población de esas ciudades resultó masacrada, o de la aniquilación sistemática del enemigo en Gaugamela o Issos, o de la matanza continuada frente a las tribus del noroeste del imperio persa, en Bactria y Escitia, o de las incontables bajas causadas al rey indio Poro en la batalla de Hidaspes... Muertes todas ellas que configuraban un método nuevo de entender la guerra, no como una forma de imponer la razón propia frente al contrario, sino de aniquilación total y absoluta del enemigo, consiguiendo su más absoluta desaparición. Si pudiésemos rememorar aquellas batallas y comprobar su infinita crueldad, la figura de Alejandro se ensombrecería de manera súbita.


Y todo, además, para nada, porque a la muerte de Alejandro su imperio se dividió entre sus generales, que inmediatamente iniciaron la lucha entre sí. Centenares de miles de muertos causó Alejandro... para que a su muerte las guerras continuasen y poco a poco todas aquellas actuaciones memorables se fuesen debilitando y acabasen sumidas en el olvido, hasta que el nuevo poder emergente de Roma las conquistase de nuevo.


Pero nada de esto se recoge en la película... sólo esa imagen de Alejandro valiente y civilizador... Una película, por tanto, bien hecha, bonita visulamente (hay una escena, con Alejandro envuelto en una túnica roja y las montañas nevadas del Indostán a su espalda que es francamente hermosa) pero que no deja de ser una loa bastante acrítica a una figura histórica que siempre ha despertado admiración pero que tiene tras de sí una turbadora historia de asesinatos, guerras, destrucción y muerte. Propaganda, en definitiva.



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