30 de abril de 2011
El nombre de la rosa
Escribir un pequeño texto recomendando la lectura de este libro es difícil, por dos motivos: por lo conocido que es y por la gran cantidad de planos de lectura diferentes (y complementarios) que sus páginas ofrecen.
Para la mayoría el libro encierra una historia de detectives y criminales, siquiera que trasladados al aislado escenario de un monasterio medieval. Guillermo de Baskerville, ayudado por Adso de Melk, un novicio, investiga los terribles asesinatos que están teniendo lugar en una abadía benedictina. Esas muertes parecen tener relación con la posesión de un libro prohibido, el segundo libro de la Poética de Aristóteles. ¿Por qué los monjes matan y mueren por ese libro? Guillermo de Baskerville, si te tomas la molestia de acompañarle, te lo explicará.
Pero creo que hay más cosas en esta fenomenal novela aparte de esa acción detectivesca.Sus planos de lectura, como dije antes, son tantos que podemos tomar diversos puntos de vista. Buena parte de los mismos son mencionados por el propio Umberto Eco en las Apostillas a El nombre de la rosa, muy recomendables de leer también.
1. La intertextualidad: salvaje palabra muy de moda con la que algunos incluso quieren disimular cierta tendencia al plagio. En El nombre de la rosa hay intertextualidad por todas partes. Menciones a otros autores, referencias a mitos de la literatura universal, fragmentos de otras obras ocultos en el texto de la novela... Probablemente es en los personajes donde mejor observamos este juego laberíntico de referencias cruzadas. A título de ejemplo:
Guillermo de Baskerville, trasunto de Guillermo de Ockham adornado con la referencia a El perro de los Baskerville, donde Sherlock Holmes aparece por primera vez. Guillermo es una mente analítica, fría, inteligente, como lo eran muchas de las mentes franciscanas del Medievo, como el propio Ockham o Francis Bacon, que creía en una ciencia positiva alejada del oscurantismo religioso de la época. Creo que referencias a eso hay en El nombre de la rosa, cuando Fray Guillemo utiliza sus instrumentos para observar las estrellas y alude a la posibilidad de hacer máquinas que no atenten contra el orden divino.
Adso de Melk: como Holmes tiene a Watson, Guillermo de Baskerville tiene a Adso, joven novicio que le acompaña. Es Adso el cronista de la historia, narrada mucho después de ocurrir los hechos. Adso proviene del latín Adsum, traducible como "doy testimonio", o "doy fe". Genial nombre para un cronista, como puede verse. Por cierto, que quien tenga la suerte de ir a Melk debe echar un vistazo al monasterio allí existente.
Salvatore: un monje jorobado, antiguo fratticello, acogido en la abadía benedictina como ayudante del cillerero. Habla una multitud de lenguas, sin orden ni concierto. Un personaje jorobado que encuentra su alter ego literario en el jorobado de Notre Dame y que tiene otro alter ego más real en Salvatore Quasimodo, premio nobel de literatura y gran poeta italiano. Y, por supuesto, jorobado.
Jorge de Burgos: el monje ciego, antiguo bibliotecario, que guarda en su cabeza todos los libros y que sabe el secreto del libro prohibido. Es para mí el personaje más logrado. La mente maléfica que gobierna el monasterio desde las tinieblas de su ceguera. Es copia fiel de un grande de las letras, Jorge Luis Borges, una de las encarnaciones de Dios. Borges fue bibliotecario en su juventud, era ciego y también guardaba en su prodigiosa memoria bibliotecas enteras.
2. La metáfora: El nombre de la rosa es un libro de frontera entre dos épocas, la Edad Media y el Renacimiento. La Edad Media está representada por el monasterio y sus monjes. Es una construcción imponente, sólida, maciza, guardiana de la ortodoxia. Sus monjes son pequeños obreros que contribuyen con su esfuerzo a que ese edificio siga en pie. Pero fuera de sus muros se respiran otros aires. Las ciudades comienzan a recuperarse del estancamiento que vivieron en los siglos anteriores y nuevas clases sociales pugnan por abrirse camino. En ese ambiente de renovación el monasterio y lo que representa es más un obstáculo que otra cosa. La cultura, el comercio, la política, todo empezará a regirse desde la ciudad. ¿Qué mejor para acabar con la Edad Media que un incendio? El fuego purificador destruye el monstruo de piedra que es el monasterio. Arden sus libros y sus monjes, todo queda destruido. A partir de ahí, sólo hay un camino: el Renacimiento. Creo que como alegoría del final de una época ese incendio con el que acaba el libro es bello.
3. La filosofía: ¿todos somos nombres? ¿No hay nada más allá? ¿nominalismo versus Escolástica? No obstante, habría que tener en cuenta algunas sugerencias que Umberto Eco hace de la posible raíz gnóstica del nominalismo como sistema filosófico, sobre todo al referirse a algunas de las herejías de la época.
Aparte de los anteriores, hay muchos más planos de lectura en El nombre de la rosa. No olvides que es un libro que trata de laberintos, tanto humanos como arquitectónicos como del conocimiento, y que por tanto, como en todo laberinto que se precie, nunca se llega al centro y todo, practicamente, queda por descubrir. Coge una edición, que las hay abundantes y de todos los precios, y date un paseo por alguno de sus enigmas.
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